PODER ADULTO, PRENSA DE OCUPACIÓN E INDEPENDENCIA JUVENIL


      4.- QUINCE PROPUESTAS PRÁCTICAS:

      Hemos insistido repetidamente que no podemos aplicar la lógica de la prensa adulta al tema que tratamos pues, aunque existen lazos irrompibles, como hemos intentado explicar, es más cierto aún que la condición joven determina cualitativamente el problema. Buena parte de los errores cometidos por las izquierdas revolucionaras en este crucial tema provienen, a nuestro entender, de no haber captado la especificidad transitoria y única de la condición joven. Teniendo esto en cuenta avanzamos las siguientes propuestas:

      4.1.- La base de todo logro posterior en lo relacionado con los medios juveniles de comunicación es la creación de una organización independiente que perdure en el tiempo. Si esta organización juvenil desaparece y con ella desaparecen las lecciones prácticas y teóricas obtenidas, todo se hundirá y otra generación posterior tendrá que empezar de nuevo y casi desde la nada, o desde muy poco.

      4.2.- Sobre esta base material ya lograda, el siguiente paso consiste en asumir que en todo lo relacionado con l@s oprimid@s y sobre todo con la juventud, hay que pensar y actuar con el criterio de concienciación crítica y radical que con el de la simplona "comunicación" que, como hemos visto, es algo que en la práctica existe muy poco. Siempre que se actúe con miras a la simple "comunicación" se termina cayendo en las redes del poder adulto, por eso siempre hay que pensar y actuar con el objetivo de que cada vez que se escribe o se dice algo, se canta o se actúa de tal manera se hace directa y claramente para concienciar a l@s demás.

      4.3.- La diferencia entre "comunicación" a secas y "comunicación concienciadora" radica en que, como hemos visto a lo largo de las páginas anteriores, la juventud debe y puede, por un lado, llegar a conocer críticamente su situación; por otro, al comunicarla a l@s demás jóvenes, debe y puede hacerlo sinceramente y buscando que sus ideas provoquen el pensamiento reflexivo y fundamentalmente la acción de la otra persona y, por último, que esa acción no se agote en sí misma sino que sea el inicio de un proceso sostenido y ascendente.

      4.4.- El punto anterior exige una previa formación cultural y política, lo que nos lleva al problema clave de la autoorganización juvenil pero ahora desde una perspectiva superior ya que nos encontramos en un paso siguiente, cuando ya la práctica de comunicación concienciadora ha dado su primer paso que debe ser contrastado y mejorado. Es decir, debemos comprobar que, en esencia, la propia efectividad del grupo juvenil está vitalmente unida a la efectividad de su capacidad de comunicación concienciadora.

      4.5.- Hay que saber discernir los diferentes niveles y exigencias en el momento de la comunicación concienciadora, y moviéndonos ya en la edad juvenil, resumimos los siguientes: uno, el más sencillo y simple, el de los amigos "apolíticos" y "pasotas" en donde la concienciación ha de comenzar por las cuestiones más inmediatas y comunes; otro, el que ya se establece entre jóvenes que mantienen algunas relaciones organizadas de carácter cultural, deportivo, recreativo, etc., en donde ya aumentan las posibilidades de reflexión crítica y de alguna movilización, que siempre han de estar relacionadas con los objetivos del grupo y sus problemas; luego, l@s jóvenes que asumen ya responsabilidades en grupos más serios y rigurosos, con más conciencia y autodisciplina y sobre todo con responsabilidades en su barrio y pueblo, o lugar de trabajo, y en estos niveles ya la concienciación exige más preparación y rigor, y, por último, los niveles de militancia política estricta.

      4.6.- Una constante que recorre a la comunicación concienciadora en todos estos niveles es la de la del ejemplo personal, la coherencia, la honradez y el respeto a la opinión contraria; son prácticas prioritarias y constantes que deben ser escrupulosamente respetadas. Sobre estas bases irrenunciables se desplegará después la capacidad teórico-política lograda, pero nunca para asombrar o apabullar, y mucho menos para sentar cátedra dogmáticamente. Al contrario, la capacidad teórico-política y la efectividad práctica de la concienciación depende, antes que nada, de que la otra persona comprenda y aporte, rompa su miedo al ridículo o la indiferencia y comience a decir lo que piensa y siente. Romper el hielo es el primer y decisivo logro en toda comunicación concienciadora.

      4.7.- Un requisito elemental para lograrlo, además de la valía humana descrita, es el conocimiento teórico-político pero no en abstracto, sino en concreto, y sobre todo el suficiente como para demostrar a la persona con la que se habla que se conocen al menos los rudimentos fundamentales de los problemas que le aquejan. Demostrar con datos y ejemplos concretos que se conocen esos problemas y que se quiere ayudar en su resolución, es una paso decisivo que sumado a la honradez y sinceridad humana, permite avanzar más después de haber roto el hielo inicial.

      4.8.- Una vez ahí, el siguiente paso que vale para todos los niveles anteriores es el de lograr algún grado de implicación de la persona o del colectivo con el que se mantienen esas relaciones. Muchas veces, la comunicación concienciadora empieza bien pero fracasa porque no se logra asentar algún compromiso práctico por pequeño que fuera y que exige pasos posteriores. Desde luego que no se debe forzar nunca ese paso y que evitar ese error depende de la experiencia, y desde luego también que cada nivel de los vistos, y de las personas implicadas, exige su correspondiente nivel de compromiso, pero el secreto consiste en, sabiendo todas esas dificultades, lograrlo y movilizar a la gente.

      4.9.- Según la naturaleza de los problemas que tratemos y del alcance de los pasos que hayamos dado ya, a partir de un momento preciso hay que saber los recursos técnicos, legales, operativos, económicos, etc., de que podemos disponer para llevar a la práctica los planes decididos. Otro de los errores típicos en la comunicación concienciadora es el de la precipitación o el de la excesiva lentitud en los planes. Por una u otra razón, muchas experiencias prometedoras han fracasado, dejando en la cuneta a much@s jóvenes quemados y desanimados. No hace falta decir que esos errores son debidos, básicamente, a una muy pobre formación teórico-política concreta sobre el problema que intentamos resolver y sobre todo lo relacionado con la comunicación concienciadora.

      4.10.- Ya en estos niveles, es de vital importancia potenciar la creación autoorganizada de toda serie de grupos, organismos y colectivos de barrio, de pueblo, o para cualquier reivindicación particular. Hay que tener muy claro que la juventud emancipada se desenvuelve mejor y arraiga más fácilmente en un medio popular y social rico en vida colectiva, en acciones populares, en fiestas y actos, etc., que en un desierto pasivo y desolador, abierto al control social y a la vigilancia del poder adulto y del Estado. Allí en donde hay vida juvenil colectiva existen siempre altas probabilidades de arraigo y expansión de la juventud revolucionaria, y a la contra, allí en donde domina el individualismo pasota y privado, hay que empezar de la nada.

      4.11.- Desde la base anterior, desde esa riqueza popular y social, vecinal, la juventud autoorganizada ha de avanzar en la investigación crítica y radical de los problemas que le atañen, desde la situación socioeconómica hasta la miseria afectiva y sexual, pasando por los problemas con el poder adulto y muy especialmente con los padres y la familia. La experiencia histórica de todos los movimientos juveniles demuestra que si no se atreven a luchar contra estas miserias y esos poderes, terminan fracasando ya que dejan en manos del poder adulto -enemigo mortal- decisivos problemas anclados en lo más profundo de su estructura psíquica juvenil.

      4.12.- Otra vez aparece la importancia de la preparación teórico-política y de los objetivos estratégicos, pues son estos los que explican las prioridades pero también demuestran la importancia de la militancia global contra la alienación. Y como hemos intentado exponer, en la juventud lo relacionado con las cadenas de dependencia afectiva y psicológica, de miedo irracional a la libertad, de desconocimiento de su propia personalidad e incluso de rechazo inconsciente de sus deseos amorosos y sexuales, todas estas cadenas introducidas por el poder adulto terminan antes que tarde lastrando y abortando la lucha por la libertad.

      4.13.- Con la confianza alcanzada por estos y otros logros, y según la lista de prioridades del grupo concreto, suele ser conveniente y a veces necesario y oportuno llevar la reflexión crítica juvenil a los adultos cercanos y que se relacionan en los locales, en el barrio, etc.; es decir, se trata en estos casos de abrir espacios de reflexión conjunta para demostrar a los adultos que ellos también están oprimidos por el poder adulto. Hay muchas razones que explican lo positivo de esos debates y entre ellas una básica como es la de ampliar la fuerza popular de movilización. Muchos adultos tienen debilitada su moral de lucha y su autoestima porque, además de otras causas, creen erróneamente que ya no hay jóvenes dispuestos a la lucha. Todas las experiencias habidas en este sentido muestran que cuando esos adultos descubren que no es así tienden a radicalizar sus posturas.

      4.14.- Por otra parte, los pasos anteriores son necesarios para crear la masa crítica popular suficiente para intentar la publicación de revistas de barrio, de radios libres, de locales de reuniones de vecinos y de grupos, etc. Y desde estos lugares de poder popular embrionario, en los que la juventud juega un papel muy importante, se puede combatir con mucho éxito a la industria político-mediática y también vencer a los posibles ataques de aislamiento, criminalización y represión de esas experiencias de autoorganización desde la base popular y obrera.

      4.15.- Pero nada de lo anterior anula la importancia estratégica de la específica militancia juvenil que por su cuenta actúa dentro y fuera de esos espacios conquistados, porque éstos pueden ser cerrados, boicoteados y hasta atacados por las fuerzas represivas o por grupos fascistas, desanimando a la gente menos concienciada y logrando incluso su cierre. Para volver a empezar otra vez pero ya desde las lecciones alcanzadas que no se han perdido en el olvido porque la organización juvenil las ha estudiado y mejorado, y las propaga y explica en otros sitios, para vencer en suma, hay que organizarse. Este y no otro es el secreto último de la comunicación concienciadora entre jóvenes.

      Iñaki Gil de San Vicente

      EUSKAL HERRIA
      21-II-2001

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